Al fondo, Pirámide de Kefren
Turistas mexicanas regateando precios en las canteras de cercanas al Valle de los Reyes.Capitulo I
El CAIRO
La cuidad del regateo
Hace un mes y medio atrás nunca hubiese imaginado la posibilidad de estar viajando como lo hago en estos momentos.
Un día como cualquiera mi madre me llama al trabajo y me dice:
- Recuerdas cuando te dije que te invitaría algún día a Egipto? (aquello había acontecido hacía 15 años atrás). Bueno, llegó el momento, en una semana más partimos”.
De un momento a otro mi vida se transformó de una rutinaria y tranquilo-esquizoide forma de subsistir, a una carrera por embajadas, registro civil, pasaportes, visas, reordenamiento de la casa, la rutina y el trabajo. Todo con tal de salir del país en una semana y media sin que quedara ningún cabo suelto.
En menos de dos semanas nos encontrábamos volando a Europa y el viaje se hacía sentir como un extraño bálsamo, un salto hacia un mundo desconocido.
Llevamos viajando casi dos días seguidos y al parecer es como si todos los viajes de mi vida los estuviera realizando de una sola vez. Dentro del avión, el viaje se percibe como una sumatoria de comidillas ofrecidas en inglés, alemán, portugués y francés, mientras un continum de músicas árabes desde el auricular, es el fondo musical para un paisaje espacial, ciudades vistas desde arriba, nubes, ríos y montañas, algo así como el Google Earth, pero en vivo.
El sol se esconde por segunda vez sobre las nubes de occidente y nosotros seguimos volando. A medida que nos internamos en el viaje, entendemos cada vez menos. Desde la llegada a Frankfurt las aeromozas hablan alemán e inglés. Repaso con rapidez las frases preparadas en el libro auxiliar, para asegurarnos al menos la llegada al Cairo y en medio de la muchedumbre somos como dos brújulas flotando en el océano de los idiomas, desesperados por llegar a destino sin perdernos los vuelos.
Las cosas tienen otro tamaño aquí en Alemania, desde las personas pasando por los objetos hasta el mismo aeropuerto. Este se abría ante nosotros como un cosmos de puertas y andenes. Hasta tuvimos que tomar un pequeño metro para llegar hacia el otro lado del mismo y abordar nuestro tercer avión con destino a El Cairo.
Los vuelos: Santiago-Sao Paulo; Sao Paulo-Frankfurt; Frankfurt-EL Cairo; El Cairo-Luxor; Aswan-El Cairo; El Cairo-Milán; Barcelona-Frankfurt; Frankfurt-Sao Paulo; Sao Paulo-Santiago.
Con este training he pasado rápidamente de mis miedos y el terror de que suceda algo en los vuelos, al estado de que cualquier chatarra puede volar.
Cada 4 horas dormimos, comemos y volamos hasta llegar a Egipto.
Las aeromozas en Luftansa son todas rubias y altas, los aeromozos son el simil masculino, pero sesenta por ciento gay.
Comenzamos a descender sobre El Cairo y el capitán dice: “Ladys and gentlemen..%&$!!!@@ turbulense.&&·###......lo que si sentí es que bajábamos de hocico al Cairo, con el estómago de papada.
Al llegar al aeropuerto de la ciudad nos recibió un Egipcio, que contaba con una particularidad, que luego de unos días en el país, me di cuenta que era estrategia. En los cortos momentos en los que dura un traslado o una visita a algún lugar turístico, ellos deben caerte muy bien para recibir una buena propina. Por consiguiente tienes a muchos egipcios empeñados en ser simpáticos, cómicos y amables, pero a la fuerza.
Alguna vez se habrán preguntado estos egipcios como se siente el turista cuando es tomado de la mano y con una sonrisa, obligado a comprarles algo? O sabrán el significado de un:
“no quiero comprar algo que no me guste, aun que sea barato”?
Durante mi estadía en el legendario país aprendí cinco cosas, las que paso a enumerar:
Las cosas tienen el valor que tu le das, más diez dólares.
Cómo lo hace una ciudad de 20 millones de habitantes para no tener tacos en las calles: saca los semáforos!.
Cómo lo hace para que no existan grandes aglomeraciones en las calles y vitrinas: las mujeres no salen a la calle.
Cómo evitas pagar impuestos por tu vivienda: nunca la terminas.
Cómo las empresas ahorran costos en honorarios: instituyendo la obligatoriedad de las propinas.
Luego de regatear por todo, uno queda agotado. La danza de lo relativo hace que los precios bajen de 300 dólares a 20 como si nada. Sobre todo si decides irte y no comprar.
Ningún semáforo en las calles y todos tocando las bocinas me mostró, un nuevo orden de las cosas, el cual remataba en el magistral comentario de nuestro guía. Luego de preguntarle como lo hacían sin semáforos, me contestó con una sonrisa enmarcada en sus bigotes: “la ley del más fuerte” y añadió, respecto de las bocinas: “música!”……este egipcio no era nada de tonto y muy optimista por lo demás.
Los templos se encumbran sobre los tres mil años de historia, las paredes hablan de un mundo antiguo lleno de mitología y actos cotidianos, de artesanos y arquitectos sobrenaturales, de mucho trabajo y devoción.
Hoy los jeroglíficos me son más familiares. Y pensar que el fundamento de toda esta religión muerta, está colgada detrás de una escalera en el museo del Cairo, llamado “Libro Egipcio de los Muertos”, textos que pasan desapercibidos gracias al furor que causan las joyas de Tutankamón; faraón que no hizo ninguna gran obra para Egipto, pero que tuvo la suerte, quizás por la nimiedad de su reinado, o por la pena de un padre que ve morir a un hijo a los diez años, de no ser saqueado.
Poco a poco se desvela ante mí la base de nuestra religión Católica Apostólica Romana, diseminada sutilmente en las paredes de los templos Egipcios.
La leyenda de Osiris, quien es hijo de una virgen llamada Isis, me recuerda a Jesús nacido de la virgen María.
El juicio de la pluma de Set, sobre las buenas o malas obras del faraón, consistía en pesar en una balanza el corazón del difunto junto a la pluma. Si esta pesaba menos que el corazón, este era condenado y remitido al infierno. Este acto se asemeja mucho a las concepciones del pecado, el juicio y la condena de los cristianos. El cambio consiste en reemplazar a los innumerables dioses y faraones del antiguo Egipto por Ángeles y Arcángeles, Obispos y Arzobispos. Entonces tenemos una nueva y joven religión, llamada Cristianismo.
Pero el conocimiento de los eventos que sucedían luego de que la persona fallecía, en este caso el Faraón, pues pasaron mucho años para que los sectores más pudientes lograran ser beneficiados con estos conocimientos, era sometido a un peregrinaje por el valle de la Duat, un viaje sagrado lleno de pruebas que necesitaban de mucha conciencia e inteligencia para poder sortear. Para esto, las formulas del libro Egipcio de los Muertos se encontraban esparcidas por todas partes en la tumba e incluso dentro del sarcófago con la expresa intención de que, frente a un olvido u adormecimiento de la mente del faraón, este lograra recordar hacer los pases mágicos que le permitieran salir airoso, no ser condenado por el propio corazón (miembro que no se sacaba del cuerpo en el proceso de embalsamamiento probablemente por la importancia que tenía en este acto) y aventurarse hacia las tierras prometidas para los hombres que habían hecho grandes obras en su vida.
Para eso le acompañaba un sequito de empleados que trabajarían por él durante su eterna estadía y llevaba consigo un ajuar de utensilios necesarios para sobrellevar el gran viaje.
Por este motivo uno de los souvenires que me permití traer desde el lejano país, fueron los vasos “Canopos”. Cuatro recipientes con tapa en forma de cabeza de, Humano, Mono, Chacal y Halcón. Representaban a los cuatro hijos de Horus ( Amset, Hapy, Duamutef y Kebehsenuf) y cada uno recibía un órgano en el proceso del embalsamamiento del faraón: el primero recibía el hígado, el segundo los pulmones, el tercero estómago y el último el intestino. Todo esto era parte de un extenso ritual de preservación para que el cuerpo del gobernante lograra permanecer incorruptible el mayor tiempo posible y servir de morada mientras el difunto llegaba a las tierras de la Duat.
Cada vaso representaba el poder de un Dios, protegiendo los órganos del faraón y siendo custodiado por diosas tutelares, señalaban cada una un punto cardinal buscando cubrir todas las direcciones.
Lo que todavía no logro comprender es este deseo intrínseco de resurrección que buscaban los egipcios, con la idea de renacer a un mundo distinto al nuestro. Por un lado buscaban preservar el cuerpo y por otro se emprendía un viaje sin regreso. Dos ideas aparentemente contradictorias.
Por otro lado y en un plano más político-religioso, los faraones eran considerados como hijos de Ra, es decir, parientes directos de los dioses. Pero hasta cierta época solo fueron hombres, con excepción de Hatshepsut, la primera Faraona de Egipto, la cual pagó a los escribas para que la incluyeran en las historias divinas esculpidas en los templos y justificaran una descendencia que no tuvo. De igual manera, los emperadores romanos, en los últimos días de las grandes dinastías, utilizaron políticamente el mismo subterfugio, incluyéndose entre Horus y el Faraón, con tal de ser aceptados por el pueblo egipcio.
Pero si escarbamos más profundo aun, hasta los más famosos Faraones del antiguo Egipto, tuvieron que pagar para que en sus templos, la historia contara como era su vínculo con las divinidades.
Luego de esto, bien las historias que nosotros conocemos sobre nuestros testamentos bíblicos, podrían contener ajustes adecuados a la época, los cuales heredamos y transmitimos a nuestros hijos sin cuestionar su procedencia. Indiscutiblemente una persona común y corriente, como la mayoría de nosotros, no tiene manera de saber la veracidad histórica de nada que haya sucedido más allá de su nacimiento, todo se basa en creer, confiar y aceptar.
Los egipcios de ahora no tienen nada que ver con los egipcios de antaño. Los actuales son musulmanes y se encontraban celebrando el “Ramadam”; festividad por la cual ayunan durante un mes solo comiendo a las seis de la tarde y cuatro de la mañana, al menos eso es lo que ellos decían. Sostienen que en el ayuno se puede tener la visión del desposeído, del que sufre hambre y comprender al prójimo desde una perspectiva más real. Sin duda, una actitud digna de imitar. Claro que a las seis de la tarde los vi comer como animales!
Desplazadas a un rol totalmente secundario, las mujeres, invisibles en las calles, ocultan su belleza con un pañuelo, como si ellas fueran culpables del deseo de los hombres, curioso modo de expiar las culpas (De los hombres, obviamente). Es un lenguaje que actúa a través de la vista. Los ojos enmarcados en velos negros seducen desde lo oculto. Como si en ellos estuviera cifrada la esencia de una persona y desde esa prisión del cuerpo tapado, la mirada te incitara a entrar sutilmente.
Al terminar el tour nos quedaba solo un día. Teníamos que visitar las pirámides, el museo de El Cairo y el mercado de El Jalili. Nos mantuvimos despiertos casi dos días seguidos y logramos cumplir el programa. Al llegar a las pirámides sentí que la labor estaba realizada. Había logrado llegar a los hitos más importantes de la mística de una de las más antiguas culturas del mundo.
Frente a mis ojos lucían esbeltas, magnas, sólidas las tumbas del Padre, el hijo y el nieto: Kepos, Kefren y Micerino. Mayor alegría sentí cuando me comunicaron que el Arquitecto de las pirámides o al menos la de Kefren estaba enterrado a un costado de esta y su nombre era, “Kar”. No podía faltar la visita al interior de una de ellas así que pagué por entrar.
Avanzas por un túnel angosto, plagado de turistas, sin ventilación alguna, hasta llegar a un recinto dentro del cual hay un sarcófago vacío y un egipcio con gesto parsimonioso y ojos cerrados diciendo: “esta es la tumba del faraón”,”respiremos la energía del centro de la pirámide”. Pero algunos gringos con oficio de arqueólogos se enojaban y decían: esta no ser la toumba de Kefren!, estar más abajo. Hacer creer a quien quiere creer (el turista), es demasiado fácil.
A un costado de la pirámide de Kefren se encuentra la esfinge del mismo nombre, esta es una figura compuesta de cuerpo de leon y el rostro de Kefren.
Cuenta la leyenda que después de varias generaciones y años de crecidas del Nilo, la estatua quedó cubierta de arena y una tarde mientras Tutmosis IV andaba de cacería, se durmió a la sombra de la esfinge. Sumergido en un profundo sueño la imagen le habló y dijo (me imagino que con la voz de Kefren):
"Yo te daré la realeza sobre la tierra a la cabeza de los vivientes; llevarás la corona Blanca y Roja sobre el trono de Gueb, príncipe de los dioses (...) He aquí que, ahora, la arena del desierto me atormenta, la arena por encima de la cual Yo estaba en otro tiempo. Ocúpate de mí, a fin de que puedas cumplir todo lo que yo te deseo. Yo sé que tu eres mi hijo y mi protector".
En efecto, Tutmosis IV logró gobernar, pese a no ser el primogénito de Amenhotep II, entre los años 1401 y 1391 A.C., e hizo retirar toda la arena que la cubría depositando una placa entre sus pies en donde se relata este sueño profético.
Entre tantas obras y faraones uno se pregunta por la ilación de hitos y acontecimientos, pues es casi imposible determinar que fue primero y que después. Ordenando de manera muy general, debido a que los tours a uno lo pasean rápidamente por distintos lugares de los cuales logras informarte de una manera muy superficial y para comprender mejor esta situación, logré determinar algunas fechas y personajes importantes:
Todo lo que diga relación con Cleopatra (que a todo esto fue Cleopatra VI, es decir hubo 5 antes que ella) es del año 51 al 30 A.C.
Los templos de Hatshepsut, la única faraona de ese periodo, muerta a los 21 años, por su hijastro Tutmosis III, son del 1479 al 1458 A.C.
Todos los Ramses (Del I al XI) son del 1307 al 1070 A.C. ( 300 años ).
Mientras que Keops (2551-2528), Kefrén (2520-2494) y Micerinos (2490-2472), tienen mil años más que quienes las redescubrieron en 1401 A.C. (Tutmosis IV) Por eso extraña cuando a uno le dicen que las pirámides o los templos construidos a lo largo del Nilo se volvían a descubrir por los mismos egipcios como si las tremendas moles se les perdieran por arte de magia, mientras que en verdad transcurrían mil años de historia.
Lo que encuentro dramático es que sacando cuentas Keops vivió solo 23 años, Kerfen, 26 y Micerinos solo 18. Kefren vió morir a su padre a los 8 años y Micerinos solo tuvo a Kefren hasta los cuatro. Como pudieron un grupo de jóvenes erigir tamañas obras de arquitectura. De qué magnitud sería el poder de las creencias de un pueblo que logró sostener el recuerdo de sus gobernantes durante todo el tiempo que duró la construcción de estas. Casi vivían el tiempo que demoraban en construir sus hitos funerarios.
Al mirar las tan renombradas pirámides siempre cabe la misma pregunta: por qué y como están hechas. Hay que recordar que son obras de la cuarta dinastía, construidas hace 4.500 años. Cómo se habrán sentido aquellas generaciones que las construyeron y las que las apreciaron en su verdadera magnitud, tapizadas de alabastro, pulidas enteras, configurando caras lisas , no como las que vemos ahora deterioradas por la erosión y el tiempo. El poder de un hombre convertido en Dios gobernando la tierra. Tan presente y distante como un Mesías encarnado, capaz de hacer lo imposible en la tierra y convencer a un pueblo de ser capaces de realizar magnas obras por el bien de su Dios-faraón. ¿Qué religión ha sido capaz de lograr aquello, con un dios viviente?
Bajo estas circunstancias es imposible llegar a pensar que el faraón es un simple mortal, de hecho, hasta mí me queda la duda.
Los sistemas constructivos diseñados en base a poleas y catapultas en forma de balanzas de casi siete metros de altura, parece bastante lógico al momento de explicar como se realizaron. Al igual que la construcción de los pilares de los altos templos egipcios que, utilizando el mismo principio rellenaban los espacios que los separaban con taludes hechos en base a ladrillos de barro, que luego de terminado el montaje, se sacaban y dejaban al descubierto las esbeltas columnatas de granito.
El Mercado de “El Jalili” es una feria persa. Bueno, qué más literal que una feria persa en el centro de El Cairo con avisos escritos en árabe y egipcios atendiendo en sus locales.
Mientras mi madre transaba baratijas al por mayor yo buscaba una maleta para poder cargar con las cosas que se nos iban acumulando.
De un momento a otro se nos apareció, como el genio de la lámpara de Aladino, un oscuro señor de bigotes que nos empujó sutilmente hacia el interior de este nutrido mercado. Culebreando por pequeños pasajes que solo dejan pasar tres personas en línea, las tiendas a ambos lados se extienden como un laberinto de colores y aromas de oriente. Miles de pequeñas botellitas policromas fragmentaban mi mirada como si estuviera viendo doble, en ellas se guardan esencias de antiguos perfumes, mantos, shilabas (prendas de vestir tradicionales) y pipas para fumar que parecían alambiques mágicos atosigando los sentidos como si en una playa uno se dedicara a mirar cada uno de los granos de arena.
Los aromas a incienso se mezclaban con extraños hedores a cocimientos de verduras. Fritos dulces de masas árabes vaporizaban algunos tramos por los que pasábamos en esta expedición en caravana tras el extraño personaje.
De un momento a otro, ya internados en medio de esta feria:”laberinto profundo”, nos dimos cuenta que nos encontrábamos dramáticamente extraviados y sin posibilidad alguna de demostrar nuestra existencia a alguien del tour. Miraba hacia cada callejón polvoriento, lleno de adornos y de vuelta; muchos ojos, dientes blancos y rostros morenos me contemplaban. Suplicaba que esas miradas aparentemente ávidas de vender no contuviesen una menos auspiciosa segunda lectura.
Puede que esta cultura sea así; a lo más te logran vender algo muy abultado en precio pero jamás te roban o te estafan. Te lo hacen sin que te des cuenta, sin dolor. El asunto es que nos volvimos a la plaza del mercado, que era el punto de encuentro del grupo, lo más rápido que pudimos. Serán miedos de chileno, por que los gringos son como niños jugando en la plaza, van para donde tú les digas, son confiados y deben creer que la voluntad de las personas que los atienden es honesta y respetuosa. Ojala sea así y el que se está perdiendo de un mundo maravilloso sea yo.
En El Cairo nos asignaron una guía mujer. Excelente!, por fin una demostración de la incorporación al mundo laboral de las mujeres egipcias. Silenciosa, con un pañuelo en la cabeza, vestido largo y medias opacas color piel, saludó al viento como despidiéndose con su mano.
Mientras marchábamos rumbo al museo de El Cairo le preguntamos cosas de la ciudad, costaba hacerla hablar y fue todo un reto sacar datos interesantes del trayecto. Le dijimos si es que existía discriminación con la mujer pues no habíamos visto a casi ninguna por las calles, pero su respuesta fue insólita:
“En Egipto no hay discriminación alguna y existe total igualdad entre sexos”.
Luego de este comentario nos dimos cuenta que la educación que reciben estas niñas más bien parece un adiestramiento.
Luego mi madre le dijo que había visto algunos hombres de la mano por las calles. Yo sobrepuse una pregunta a cerca de si había muchos Gays debido a esta diferencia tan marcada entre los hombres, que lo hacen todo y las mujeres que están por ahí fondeadas. Pero ella volvió a sorprendernos respondiendo que en El Cairo no hay Gays ni lesbianas. Con eso nos mostró la diferencia radical entre las culturas occidental y Oriental.
Si vas a un país Musulmán a ver sus monumentos, de eso es de lo que te hablarán. Pero un occidental que cuestione al mundo musulmán desata discusiones eternas. Para mi que estas niñas al igual que los guías en Egipto (no se permiten guías extranjeros a menos que vengas apadrinados por uno del país), saben que esos temas son tabú y que hay que aplazarlos a como de lugar. De los templos todo, de los posibles defectos de la cultura nada.

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