Tuesday, June 06, 2006


INTRODUCCION



La visión psico-religiosa se compone de dos miradas: la primera ve desde la reflexión personal, afectiva y sensitiva, a veces amoral, humorística y desapegada de dogmas. Y la segunda ve desde el anhelo del religare o volver unir el alma con Dios. Que no es más que reconectarnos con lo que somos en esencia. Todo viaje puede compararse con las cuatro fases del “viaje mitológico del Héroe”: El Paraíso, la salida, la travesía y el encuentro con la tierra prometida.
El habito de la rutina refleja la quietud o estaticidad del paraíso, como tierra de placeres que no valoramos sino hasta cuando salimos de él. Y al abandonar nuestro lugar de confort nos enfrentamos a un mundo nuevo, cautivante y lleno de situaciones que nos hacen madurar y crecer conforme nos vamos alejando. La travesía, es un ir “a-través” aterrador y seductor. Nos consume en una dinámica única e irrepetible que nos muestra que la constante es la continuidad del cambio. Al volver a la tierra natal acudiremos como si fuese la tierra prometida, que no es más que el mismo lugar ideal de quietud visto desde un cuerpo, mente y alma renovados.
El viaje se compone de elementos imposibles de predecir. Nos entrega una apertura hacia lo desconocido, hacia el abismo del devenir y a su vez nos saca, gloriosamente, de la rutina productiva que nos hace pensar que sin nosotros nada funcionaría.
Una vez que zarpamos las familias siguen laborando, las empresas siguen produciendo y quienes nos añoran siguen viviendo. Abandonamos la cotidianeidad y nos entregamos a una vida nueva. Salir de casa es como una muerte anunciada pero con un mágico regreso, que te convierte en un resucitado una vez que vuelves, si es que vuelves.
El terruño, el amor a la gente de nuestra tierra, solo se experimenta cuando se está entre tierras extrañas, en medio de miradas que te ignoran en un aeropuerto, en una gran ciudad o en algún sucio metro de una gran metrópolis.
Afuera siempre eres una especie de embajador lo quieras o no. Tienes que bailar “cueca” aunque solo la hayas bailado en el colegio, debes referirte a las cazuelas, los porotos con riendas, los pasteles de choclo y las humitas como comidas tradicionalmente deliciosas aun cuando tu madre te las haya metido con jeringa en la infancia.
Los lugares que para ti fueron tan cotidianos como el negocio de la esquina o las empanadas de “Don Tito”, para alguien más, en otra latitud de este planeta, reflejan parte de una cultura y son muy importantes.
El que un extranjero viaje miles de kilómetros para conocer algo que solo en tu tierra existe, es un honor y digno de orgullo. Siempre debiera estar en nuestras mentes el origen y la dedicación de algunos que, anónimamente, visionaron en nuestros espacios públicos, nuestras callejuelas y barrios, el significado que luego tendrían. Pero son nuestros paisajes: el norte árido único en el mundo, nuestro mágico sur, los fiordos, las torres del Paine, la carretera Austral o la laguna de San Rafael, los que cautivan al mundo.
Lo injustificable es que a lo largo del país no hallamos podido darle al los espacios públicos una connotación más fuerte que llame a compartir en el afuera, lo hacemos en espacios residuales. Así es como las grandes celebraciones a nivel nacional, en Santiago, las hacemos en la plaza Baquedano, la cual no es exactamente una plaza sino la confluencia de dos arterias principales y dos largos parques urbanos. Los hacemos en medio de las calles atestadas de automóviles duplicando el estrés de moros y cristianos.
Debiéramos incorporar en nuestros sistemas de planificación la visión de lo público como algo disfrutable y no como el espacio mínimo para cumplir con las disposiciones reglamentarias.
El origen de las plazas en un principio era recintar un espacio de origen fundacional no construido, para guardar las armas y para las ejecuciones o actos públicos. En la actualidad nacen de los retazos cedidos por los nuevos loteos, con lo justo para decir que es una plaza; unos cuantos juegos para niños, pasto y maicillo, más una que otra esculturilla. Que amor le puede tener uno a aquello, que recuerdos podemos guardar de momentos vividos en aquellos espacios sin gracia. Peor en las comunas pobres que donde el poco pasto que se planta, se lo roban, con el consecuente sitio pelado con piedras de lecho de río pintadas de blanco y niños jugando en la tierra.
Lo otro imposible de concebir es el hecho de que el único que haya fundado ciudades en Chile sea Pedro de Valdivia, pues no recuerdo ciudades importantes nacidas con posterioridad a los conquistadores.
Quizás esa sea la palabra clave, ser conquistadores de nosotros mismos, del país y nuestro lugar en el mundo.

Luego de viajar a Europa, suspiro profundo y miro nuestra cultura, como a ese hermano menor al cual le conoces sus dones pero no le ves ocuparlos. Miro a nuestro país como un ser que no ha buscado dentro de sí, la magia de maravillar. Pienso que algún día despertará de su letargo y saldrá al mundo a mostrar sus bellezas, la cultura de su gente y los grandes descubrimientos de sus hombres y mujeres, solo falta creer en nosotros, aspirar a reconocer lo especial, únicos, legítimos que somos y dejar de imitar.
Debemos creer que el “loco” es alguien que abre puertas, el innovador es el que nos cobijará en el futuro, el intrépido es el que le dará trabajo a muchos el día de mañana y que un mañana se construye con el valor de ser diferentes, amantes de nuestra cultura, sea “cuica” o “guachaca” (burguesa o clase baja), pero amantes de verdad. Sentirle el sabor a ese respaldo mudo de una masa que está tras el televisor esperando que logres algún triunfo (y que no es el people meter), pero también, esos niños que buscan iconos que rompan los esquemas de su pálida formación escolar y familiar.
Para eso debemos dejar que los músicos, los artistas, cineastas, los deportistas, científicos, empresarios, los visionarios, trabajen tranquilos y respaldados. Que replanteen el mundo sin límites y luego, sentarnos a esperar que las cosas maduren. Siempre obtendremos un buen fruto. Por eso mantengo un profundo amor por mis locos queridos: Alberto Maturana, quien con meditada y apacible figura ha des-trozado al mundo en pequeñas células que buscan validarse unas a otras. A Alejandro Jodoroksky, que con una sonrisa eterna ha logrado burlar la realidad y volar por sobre todos los sueños de la humanidad, reinventando la vida como uno más de sus sueños. Y como olvidar a “Florcita Motuda”, siempre fiel al desorden y enemigo acérrimo de la rigidez y las formalidades.

Este pequeño libro no busca más que mostrar un punto de vista de los muchos que podrían tener quienes viajan y se sorprenden con las maravillas del mundo. Es un viaje hacia fuera del país y hacia dentro de mí mismo, pero como chileno que soy, también hacia el interior de cada compatriota que mira hacia el mundo, más allá de sus fronteras geográficas, mentales y paradigmáticas.

Antes de viajar, mis temores se acrecentaban. Tenía que hacer como 10 viajes en avión, cuál de todos ellos se caería?, en qué aeropuerto nos robarían las maletas estropeando la felicidad del viaje y dejándonos sentados en un frió aeropuerto mirando como las maletas de algún pasajero distraído, pero con mejor suerte, dan vueltas en la cinta sin fin? Era un atado de nervios y preconceptos.
Resultarían acaso todas las interconexiones que nuestro agente nos había programado?, coincidirían todos los actores de esta fenomenal carrera ultra-cronometrada?, y si no funcionaba hacia dónde naufragarían nuestras vidas?
Lo cierto es que mayores percances no hubo, la ruta que armó nuestro agente funcionó a la perfección y todo lo que nuestros guías en Egipto e Italia nos mostraron fueron datos comprobables y fidedignos.
Entendí que así se gesta un profeta: comprendiendo en el hacer, que arroja la práctica, las constantes que hacen de lo nuevo algo predecible. Para luego decirles a otros lo que sucederá. Los seres humanos somos muy evidentes en el que hacer y las personas buscan la rutina como si fuera miel. Lo mágico es cuando llegas a un lugar nuevo, pues el único que no sabe lo que sucede eres tu y de esa manera, todo es sorprendente, los demás lo han vivido casi toda su vida.
Luego de realizar nueve vuelos e ir de un lugar a otro armando y desarmando maletas, me acostumbré a que las cosas funcionaran y que los contratiempos se sumaran a la gracia de ir descubriendo el mundo. Luego de terminar una travesía queda el gusto y la satisfacción de haber vivido el doble y de ser una persona que supera el simple rol que nos tocó ocupar en esta sociedad.

F.O.P.

Monday, June 05, 2006

Al fondo, Pirámide de Kefren
Turistas mexicanas regateando precios en las canteras de cercanas al Valle de los Reyes.

Capitulo I

El CAIRO
La cuidad del regateo


Hace un mes y medio atrás nunca hubiese imaginado la posibilidad de estar viajando como lo hago en estos momentos.
Un día como cualquiera mi madre me llama al trabajo y me dice:
- Recuerdas cuando te dije que te invitaría algún día a Egipto? (aquello había acontecido hacía 15 años atrás). Bueno, llegó el momento, en una semana más partimos”.
De un momento a otro mi vida se transformó de una rutinaria y tranquilo-esquizoide forma de subsistir, a una carrera por embajadas, registro civil, pasaportes, visas, reordenamiento de la casa, la rutina y el trabajo. Todo con tal de salir del país en una semana y media sin que quedara ningún cabo suelto.
En menos de dos semanas nos encontrábamos volando a Europa y el viaje se hacía sentir como un extraño bálsamo, un salto hacia un mundo desconocido.

Llevamos viajando casi dos días seguidos y al parecer es como si todos los viajes de mi vida los estuviera realizando de una sola vez. Dentro del avión, el viaje se percibe como una sumatoria de comidillas ofrecidas en inglés, alemán, portugués y francés, mientras un continum de músicas árabes desde el auricular, es el fondo musical para un paisaje espacial, ciudades vistas desde arriba, nubes, ríos y montañas, algo así como el Google Earth, pero en vivo.
El sol se esconde por segunda vez sobre las nubes de occidente y nosotros seguimos volando. A medida que nos internamos en el viaje, entendemos cada vez menos. Desde la llegada a Frankfurt las aeromozas hablan alemán e inglés. Repaso con rapidez las frases preparadas en el libro auxiliar, para asegurarnos al menos la llegada al Cairo y en medio de la muchedumbre somos como dos brújulas flotando en el océano de los idiomas, desesperados por llegar a destino sin perdernos los vuelos.
Las cosas tienen otro tamaño aquí en Alemania, desde las personas pasando por los objetos hasta el mismo aeropuerto. Este se abría ante nosotros como un cosmos de puertas y andenes. Hasta tuvimos que tomar un pequeño metro para llegar hacia el otro lado del mismo y abordar nuestro tercer avión con destino a El Cairo.
Los vuelos: Santiago-Sao Paulo; Sao Paulo-Frankfurt; Frankfurt-EL Cairo; El Cairo-Luxor; Aswan-El Cairo; El Cairo-Milán; Barcelona-Frankfurt; Frankfurt-Sao Paulo; Sao Paulo-Santiago.

Con este training he pasado rápidamente de mis miedos y el terror de que suceda algo en los vuelos, al estado de que cualquier chatarra puede volar.

Cada 4 horas dormimos, comemos y volamos hasta llegar a Egipto.
Las aeromozas en Luftansa son todas rubias y altas, los aeromozos son el simil masculino, pero sesenta por ciento gay.
Comenzamos a descender sobre El Cairo y el capitán dice: “Ladys and gentlemen..%&$!!!@@ turbulense.&&·###......lo que si sentí es que bajábamos de hocico al Cairo, con el estómago de papada.

Al llegar al aeropuerto de la ciudad nos recibió un Egipcio, que contaba con una particularidad, que luego de unos días en el país, me di cuenta que era estrategia. En los cortos momentos en los que dura un traslado o una visita a algún lugar turístico, ellos deben caerte muy bien para recibir una buena propina. Por consiguiente tienes a muchos egipcios empeñados en ser simpáticos, cómicos y amables, pero a la fuerza.
Alguna vez se habrán preguntado estos egipcios como se siente el turista cuando es tomado de la mano y con una sonrisa, obligado a comprarles algo? O sabrán el significado de un:
“no quiero comprar algo que no me guste, aun que sea barato”?
Durante mi estadía en el legendario país aprendí cinco cosas, las que paso a enumerar:

Las cosas tienen el valor que tu le das, más diez dólares.
Cómo lo hace una ciudad de 20 millones de habitantes para no tener tacos en las calles: saca los semáforos!.
Cómo lo hace para que no existan grandes aglomeraciones en las calles y vitrinas: las mujeres no salen a la calle.
Cómo evitas pagar impuestos por tu vivienda: nunca la terminas.
Cómo las empresas ahorran costos en honorarios: instituyendo la obligatoriedad de las propinas.

Luego de regatear por todo, uno queda agotado. La danza de lo relativo hace que los precios bajen de 300 dólares a 20 como si nada. Sobre todo si decides irte y no comprar.
Ningún semáforo en las calles y todos tocando las bocinas me mostró, un nuevo orden de las cosas, el cual remataba en el magistral comentario de nuestro guía. Luego de preguntarle como lo hacían sin semáforos, me contestó con una sonrisa enmarcada en sus bigotes: “la ley del más fuerte” y añadió, respecto de las bocinas: “música!”……este egipcio no era nada de tonto y muy optimista por lo demás.

Los templos se encumbran sobre los tres mil años de historia, las paredes hablan de un mundo antiguo lleno de mitología y actos cotidianos, de artesanos y arquitectos sobrenaturales, de mucho trabajo y devoción.
Hoy los jeroglíficos me son más familiares. Y pensar que el fundamento de toda esta religión muerta, está colgada detrás de una escalera en el museo del Cairo, llamado “Libro Egipcio de los Muertos”, textos que pasan desapercibidos gracias al furor que causan las joyas de Tutankamón; faraón que no hizo ninguna gran obra para Egipto, pero que tuvo la suerte, quizás por la nimiedad de su reinado, o por la pena de un padre que ve morir a un hijo a los diez años, de no ser saqueado.
Poco a poco se desvela ante mí la base de nuestra religión Católica Apostólica Romana, diseminada sutilmente en las paredes de los templos Egipcios.
La leyenda de Osiris, quien es hijo de una virgen llamada Isis, me recuerda a Jesús nacido de la virgen María.
El juicio de la pluma de Set, sobre las buenas o malas obras del faraón, consistía en pesar en una balanza el corazón del difunto junto a la pluma. Si esta pesaba menos que el corazón, este era condenado y remitido al infierno. Este acto se asemeja mucho a las concepciones del pecado, el juicio y la condena de los cristianos. El cambio consiste en reemplazar a los innumerables dioses y faraones del antiguo Egipto por Ángeles y Arcángeles, Obispos y Arzobispos. Entonces tenemos una nueva y joven religión, llamada Cristianismo.
Pero el conocimiento de los eventos que sucedían luego de que la persona fallecía, en este caso el Faraón, pues pasaron mucho años para que los sectores más pudientes lograran ser beneficiados con estos conocimientos, era sometido a un peregrinaje por el valle de la Duat, un viaje sagrado lleno de pruebas que necesitaban de mucha conciencia e inteligencia para poder sortear. Para esto, las formulas del libro Egipcio de los Muertos se encontraban esparcidas por todas partes en la tumba e incluso dentro del sarcófago con la expresa intención de que, frente a un olvido u adormecimiento de la mente del faraón, este lograra recordar hacer los pases mágicos que le permitieran salir airoso, no ser condenado por el propio corazón (miembro que no se sacaba del cuerpo en el proceso de embalsamamiento probablemente por la importancia que tenía en este acto) y aventurarse hacia las tierras prometidas para los hombres que habían hecho grandes obras en su vida.
Para eso le acompañaba un sequito de empleados que trabajarían por él durante su eterna estadía y llevaba consigo un ajuar de utensilios necesarios para sobrellevar el gran viaje.
Por este motivo uno de los souvenires que me permití traer desde el lejano país, fueron los vasos “Canopos”. Cuatro recipientes con tapa en forma de cabeza de, Humano, Mono, Chacal y Halcón. Representaban a los cuatro hijos de Horus ( Amset, Hapy, Duamutef y Kebehsenuf) y cada uno recibía un órgano en el proceso del embalsamamiento del faraón: el primero recibía el hígado, el segundo los pulmones, el tercero estómago y el último el intestino. Todo esto era parte de un extenso ritual de preservación para que el cuerpo del gobernante lograra permanecer incorruptible el mayor tiempo posible y servir de morada mientras el difunto llegaba a las tierras de la Duat.
Cada vaso representaba el poder de un Dios, protegiendo los órganos del faraón y siendo custodiado por diosas tutelares, señalaban cada una un punto cardinal buscando cubrir todas las direcciones.
Lo que todavía no logro comprender es este deseo intrínseco de resurrección que buscaban los egipcios, con la idea de renacer a un mundo distinto al nuestro. Por un lado buscaban preservar el cuerpo y por otro se emprendía un viaje sin regreso. Dos ideas aparentemente contradictorias.

Por otro lado y en un plano más político-religioso, los faraones eran considerados como hijos de Ra, es decir, parientes directos de los dioses. Pero hasta cierta época solo fueron hombres, con excepción de Hatshepsut, la primera Faraona de Egipto, la cual pagó a los escribas para que la incluyeran en las historias divinas esculpidas en los templos y justificaran una descendencia que no tuvo. De igual manera, los emperadores romanos, en los últimos días de las grandes dinastías, utilizaron políticamente el mismo subterfugio, incluyéndose entre Horus y el Faraón, con tal de ser aceptados por el pueblo egipcio.
Pero si escarbamos más profundo aun, hasta los más famosos Faraones del antiguo Egipto, tuvieron que pagar para que en sus templos, la historia contara como era su vínculo con las divinidades.
Luego de esto, bien las historias que nosotros conocemos sobre nuestros testamentos bíblicos, podrían contener ajustes adecuados a la época, los cuales heredamos y transmitimos a nuestros hijos sin cuestionar su procedencia. Indiscutiblemente una persona común y corriente, como la mayoría de nosotros, no tiene manera de saber la veracidad histórica de nada que haya sucedido más allá de su nacimiento, todo se basa en creer, confiar y aceptar.

Los egipcios de ahora no tienen nada que ver con los egipcios de antaño. Los actuales son musulmanes y se encontraban celebrando el “Ramadam”; festividad por la cual ayunan durante un mes solo comiendo a las seis de la tarde y cuatro de la mañana, al menos eso es lo que ellos decían. Sostienen que en el ayuno se puede tener la visión del desposeído, del que sufre hambre y comprender al prójimo desde una perspectiva más real. Sin duda, una actitud digna de imitar. Claro que a las seis de la tarde los vi comer como animales!
Desplazadas a un rol totalmente secundario, las mujeres, invisibles en las calles, ocultan su belleza con un pañuelo, como si ellas fueran culpables del deseo de los hombres, curioso modo de expiar las culpas (De los hombres, obviamente). Es un lenguaje que actúa a través de la vista. Los ojos enmarcados en velos negros seducen desde lo oculto. Como si en ellos estuviera cifrada la esencia de una persona y desde esa prisión del cuerpo tapado, la mirada te incitara a entrar sutilmente.

Al terminar el tour nos quedaba solo un día. Teníamos que visitar las pirámides, el museo de El Cairo y el mercado de El Jalili. Nos mantuvimos despiertos casi dos días seguidos y logramos cumplir el programa. Al llegar a las pirámides sentí que la labor estaba realizada. Había logrado llegar a los hitos más importantes de la mística de una de las más antiguas culturas del mundo.
Frente a mis ojos lucían esbeltas, magnas, sólidas las tumbas del Padre, el hijo y el nieto: Kepos, Kefren y Micerino. Mayor alegría sentí cuando me comunicaron que el Arquitecto de las pirámides o al menos la de Kefren estaba enterrado a un costado de esta y su nombre era, “Kar”. No podía faltar la visita al interior de una de ellas así que pagué por entrar.
Avanzas por un túnel angosto, plagado de turistas, sin ventilación alguna, hasta llegar a un recinto dentro del cual hay un sarcófago vacío y un egipcio con gesto parsimonioso y ojos cerrados diciendo: “esta es la tumba del faraón”,”respiremos la energía del centro de la pirámide”. Pero algunos gringos con oficio de arqueólogos se enojaban y decían: esta no ser la toumba de Kefren!, estar más abajo. Hacer creer a quien quiere creer (el turista), es demasiado fácil.

A un costado de la pirámide de Kefren se encuentra la esfinge del mismo nombre, esta es una figura compuesta de cuerpo de leon y el rostro de Kefren.
Cuenta la leyenda que después de varias generaciones y años de crecidas del Nilo, la estatua quedó cubierta de arena y una tarde mientras Tutmosis IV andaba de cacería, se durmió a la sombra de la esfinge. Sumergido en un profundo sueño la imagen le habló y dijo (me imagino que con la voz de Kefren):
"Yo te daré la realeza sobre la tierra a la cabeza de los vivientes; llevarás la corona Blanca y Roja sobre el trono de Gueb, príncipe de los dioses (...) He aquí que, ahora, la arena del desierto me atormenta, la arena por encima de la cual Yo estaba en otro tiempo. Ocúpate de mí, a fin de que puedas cumplir todo lo que yo te deseo. Yo sé que tu eres mi hijo y mi protector".
En efecto, Tutmosis IV logró gobernar, pese a no ser el primogénito de Amenhotep II, entre los años 1401 y 1391 A.C., e hizo retirar toda la arena que la cubría depositando una placa entre sus pies en donde se relata este sueño profético.

Entre tantas obras y faraones uno se pregunta por la ilación de hitos y acontecimientos, pues es casi imposible determinar que fue primero y que después. Ordenando de manera muy general, debido a que los tours a uno lo pasean rápidamente por distintos lugares de los cuales logras informarte de una manera muy superficial y para comprender mejor esta situación, logré determinar algunas fechas y personajes importantes:

Todo lo que diga relación con Cleopatra (que a todo esto fue Cleopatra VI, es decir hubo 5 antes que ella) es del año 51 al 30 A.C.
Los templos de Hatshepsut, la única faraona de ese periodo, muerta a los 21 años, por su hijastro Tutmosis III, son del 1479 al 1458 A.C.
Todos los Ramses (Del I al XI) son del 1307 al 1070 A.C. ( 300 años ).

Mientras que Keops (2551-2528), Kefrén (2520-2494) y Micerinos (2490-2472), tienen mil años más que quienes las redescubrieron en 1401 A.C. (Tutmosis IV) Por eso extraña cuando a uno le dicen que las pirámides o los templos construidos a lo largo del Nilo se volvían a descubrir por los mismos egipcios como si las tremendas moles se les perdieran por arte de magia, mientras que en verdad transcurrían mil años de historia.
Lo que encuentro dramático es que sacando cuentas Keops vivió solo 23 años, Kerfen, 26 y Micerinos solo 18. Kefren vió morir a su padre a los 8 años y Micerinos solo tuvo a Kefren hasta los cuatro. Como pudieron un grupo de jóvenes erigir tamañas obras de arquitectura. De qué magnitud sería el poder de las creencias de un pueblo que logró sostener el recuerdo de sus gobernantes durante todo el tiempo que duró la construcción de estas. Casi vivían el tiempo que demoraban en construir sus hitos funerarios.

Al mirar las tan renombradas pirámides siempre cabe la misma pregunta: por qué y como están hechas. Hay que recordar que son obras de la cuarta dinastía, construidas hace 4.500 años. Cómo se habrán sentido aquellas generaciones que las construyeron y las que las apreciaron en su verdadera magnitud, tapizadas de alabastro, pulidas enteras, configurando caras lisas , no como las que vemos ahora deterioradas por la erosión y el tiempo. El poder de un hombre convertido en Dios gobernando la tierra. Tan presente y distante como un Mesías encarnado, capaz de hacer lo imposible en la tierra y convencer a un pueblo de ser capaces de realizar magnas obras por el bien de su Dios-faraón. ¿Qué religión ha sido capaz de lograr aquello, con un dios viviente?
Bajo estas circunstancias es imposible llegar a pensar que el faraón es un simple mortal, de hecho, hasta mí me queda la duda.

Los sistemas constructivos diseñados en base a poleas y catapultas en forma de balanzas de casi siete metros de altura, parece bastante lógico al momento de explicar como se realizaron. Al igual que la construcción de los pilares de los altos templos egipcios que, utilizando el mismo principio rellenaban los espacios que los separaban con taludes hechos en base a ladrillos de barro, que luego de terminado el montaje, se sacaban y dejaban al descubierto las esbeltas columnatas de granito.

El Mercado de “El Jalili” es una feria persa. Bueno, qué más literal que una feria persa en el centro de El Cairo con avisos escritos en árabe y egipcios atendiendo en sus locales.
Mientras mi madre transaba baratijas al por mayor yo buscaba una maleta para poder cargar con las cosas que se nos iban acumulando.
De un momento a otro se nos apareció, como el genio de la lámpara de Aladino, un oscuro señor de bigotes que nos empujó sutilmente hacia el interior de este nutrido mercado. Culebreando por pequeños pasajes que solo dejan pasar tres personas en línea, las tiendas a ambos lados se extienden como un laberinto de colores y aromas de oriente. Miles de pequeñas botellitas policromas fragmentaban mi mirada como si estuviera viendo doble, en ellas se guardan esencias de antiguos perfumes, mantos, shilabas (prendas de vestir tradicionales) y pipas para fumar que parecían alambiques mágicos atosigando los sentidos como si en una playa uno se dedicara a mirar cada uno de los granos de arena.
Los aromas a incienso se mezclaban con extraños hedores a cocimientos de verduras. Fritos dulces de masas árabes vaporizaban algunos tramos por los que pasábamos en esta expedición en caravana tras el extraño personaje.
De un momento a otro, ya internados en medio de esta feria:”laberinto profundo”, nos dimos cuenta que nos encontrábamos dramáticamente extraviados y sin posibilidad alguna de demostrar nuestra existencia a alguien del tour. Miraba hacia cada callejón polvoriento, lleno de adornos y de vuelta; muchos ojos, dientes blancos y rostros morenos me contemplaban. Suplicaba que esas miradas aparentemente ávidas de vender no contuviesen una menos auspiciosa segunda lectura.

Puede que esta cultura sea así; a lo más te logran vender algo muy abultado en precio pero jamás te roban o te estafan. Te lo hacen sin que te des cuenta, sin dolor. El asunto es que nos volvimos a la plaza del mercado, que era el punto de encuentro del grupo, lo más rápido que pudimos. Serán miedos de chileno, por que los gringos son como niños jugando en la plaza, van para donde tú les digas, son confiados y deben creer que la voluntad de las personas que los atienden es honesta y respetuosa. Ojala sea así y el que se está perdiendo de un mundo maravilloso sea yo.

En El Cairo nos asignaron una guía mujer. Excelente!, por fin una demostración de la incorporación al mundo laboral de las mujeres egipcias. Silenciosa, con un pañuelo en la cabeza, vestido largo y medias opacas color piel, saludó al viento como despidiéndose con su mano.
Mientras marchábamos rumbo al museo de El Cairo le preguntamos cosas de la ciudad, costaba hacerla hablar y fue todo un reto sacar datos interesantes del trayecto. Le dijimos si es que existía discriminación con la mujer pues no habíamos visto a casi ninguna por las calles, pero su respuesta fue insólita:
“En Egipto no hay discriminación alguna y existe total igualdad entre sexos”.
Luego de este comentario nos dimos cuenta que la educación que reciben estas niñas más bien parece un adiestramiento.
Luego mi madre le dijo que había visto algunos hombres de la mano por las calles. Yo sobrepuse una pregunta a cerca de si había muchos Gays debido a esta diferencia tan marcada entre los hombres, que lo hacen todo y las mujeres que están por ahí fondeadas. Pero ella volvió a sorprendernos respondiendo que en El Cairo no hay Gays ni lesbianas. Con eso nos mostró la diferencia radical entre las culturas occidental y Oriental.
Si vas a un país Musulmán a ver sus monumentos, de eso es de lo que te hablarán. Pero un occidental que cuestione al mundo musulmán desata discusiones eternas. Para mi que estas niñas al igual que los guías en Egipto (no se permiten guías extranjeros a menos que vengas apadrinados por uno del país), saben que esos temas son tabú y que hay que aplazarlos a como de lugar. De los templos todo, de los posibles defectos de la cultura nada.
Geroglifos de Luxor
Capítulo II

LUXOR- KARNAK
Entre papiros y areniscas


Desde El Cairo volamos a Luxor donde partiría el magnífico Crucero por el Nilo.
Dentro de la antigua Tebas, dos hermosos templos emergen por sobre los edificios con un tono de luz distinto, construidos con bloques de areniscas milenarias reflejan la luz como si fueran algo ajeno a la ciudad. Efectivamente lo son. Su depuración y excelsitud habla de obras hechas con devoción, construidas con sangre y sudor o quizás más sangre que sudor. Hoy estos templos, de Luxor y Karnak se encuentran desprovistos de sus revestimientos originales.
Pensaba que si se ven así de imponentes, como se verían recubiertos con alabastro en pisos y pilares. Con granito rojo en muros, pilares y obeliscos. Pintados con oro, incrustaciones de piedras preciosas y policromías en todos sus bajo y sobre relieves.
Siempre y en todas las culturas la imagen de lo divino nos ha llevado a dejarlo todo por nuestros Dioses. Sin embargo los Faraones comenzaron a tener una importancia tal, que sus hitos funerarios, fueron compartiendo con las deidades, el protagonismo de la fé.
Los monumentos que se conservan pertenecen a las últimas dinastías, es decir, a la XVIII y XIX, mientras que las pirámides del conjunto de Giza son de la IV. Estas, a través del tiempo fueron sofisticando el modo y lugar en que enterraban a sus faraones. El problema que enfrentaron fue el saqueo. La pregunta era; cómo enterrar al faraón y sus riquezas sin que su tumba fuera descubierta y desvalijada una vez que dejaban el poder. Primero la hicieron enterrando a sus monarcas en templos, luego en las pirámides y por último en las afueras de las ciudades, en valles secretos como el Valle de los Reyes o el de las Reinas. Al final no se salvó ni uno, pues al parecer lo que en un tiempo se aprecia valioso y sagrado otras generaciones le encuentran un valor distinto. De esta manera una joya faraónica sagrada se convierte, a través de los años, invasiones y saqueos, en un cáliz de oro para ceremonias católicas, unas joyas de la realeza británica, una fina loza para juego de té y por último un encaje de oro en una escultura post moderna de un lujoso museo privado de un empresario gringo. Quizás las menos reciclables y valiosas sean las que se encuentran en las tumbas más modernas en los valles situados al otro lado del Nilo.

En el Valle de los Reyes se encuentra un complejo de tumbas entre las cuales está la de Tutankamón. Todas están hechas con forma de túnel sumergido en la tierra con el fin de preservar el valioso contenido dentro del cual se encontraba obviamente el Faraón, su ajuar, utensilios y elementos de madera que le servirían para ocuparlos en su otra vida.
Los muros se encuentran totalmente decorados con pasajes de la vida del Faraón y a medida que uno se acerca al sarcófago, las leyendas comienzan a tener un carácter más sagrado y a vincularse con los pasajes del “Libro Egipcio de los Muertos”: texto que cumplía la función de ser guía para la vida más allá de la muerte y en donde el faraón podía resolver los complejos ritos post-mortem, con la ayuda de las “fórmulas” contenidas en el, que se encontraban no tan solo diseminados por la tumba si no que por el sarcófago, dibujados incluso detrás de la espalda del difunto con la específica función de que este no olvidara las frases claves para circular por el valle de la Duat ( valle de los muertos).
Para sortear el primer obstáculo había que enfrentarse al juicio de las buenas y malas obras. El ritual consistía en que el Faraón pesaba su corazón en una balanza y al otro lado el Dios Set ponía su pluma. Si el corazón pesaba más que la pluma esto quería decir que las malas obras pesaban más y el divino mandatario era condenado al infierno. Si el corazón era más liviano, podría navegar hacia los valles de la Duat, un lugar muy similar al paraíso. Por esto era muy importante conocer los textos y las formulas de tal manera de no ser condenado por su propio corazón, y lograr convencer a Set que en su vida las cosas las había hecho bien.

Es importante darse cuenta de la gran influencia que recibe el cristianismo de la religión egipcia, en donde los conceptos de: el juicio, la condena, el infierno y el paraíso tienen un origen anterior al inicio de la religión Católica.
El budismo tibetano también contiene las fuentes de las realidades más allá de la muerte en su texto sagrado: “El Libro tibetano de los Muertos”, en el que se suceden múltiples enfrentamientos o encuentros con deidades que prueban nuestros temores, nuestra fe y la conciencia que disponemos luego de haber muerto, con el objetivo de iluminarnos o de volver a encarnar en otro cuerpo si los eventos nos superan y nos gana el temor.
He estudiado bastante el tema, no tan solo los textos de estas dos religiones, que tan profundo han llegado en la explicación de los fenómenos que acontecen después de la muerte, sino también recopilando estudios recientes sobre las experiencias de personas fallecidas clínicamente alrededor de 15 a 20 minutos. Los relatos son fascinantes y muestran una similitud respecto de lo que pensaban los egipcios y los budistas, reflejando el enorme y eficaz conocimiento que manejaban estas religiones.
Lamento que la religión egipcia esté muerta hoy en día, a mi parecer podría entregarnos detalles sublimes de todo un mundo más allá del nuestro. Su politeísmo no la invalida para mostrar un conocimiento en el cual creyeron millones de personas por más de cuatro mil quinientos años. Parece una hermana mayor, cuando vemos a una religión cristiana de tan solo dos mil años. Para recuperar parte de ese conocimiento perdido es que comencé a diseñar un mapa del recorrido del difunto por los valles de la Duat y traduje a imágenes los recorridos de tal modo que, sumados a lo que señalan los budistas tibetanos he ido componiendo una verdadera “guía de ruta” por la cual pensaban que el ser debía circular para llegar al Paraíso, el Nirvana o el mismo Cielo.
La religión católica no es clara al respecto y siento que este es un punto en contra respecto de otras que si señalan lo que sucederá después de la muerte y el camino que hay que recorrer en vida para lograr un buen pasar en ambos mundos. Al margen de si esto sea verdad o pueda ser demostrado, me sigue pareciendo más entretenida la visión de llegar a nuevos mundos por meritos propios, ahora que el acceso a los nuevos conocimientos es más masivo, en donde cada persona se encuentra en igualdad de condiciones frente a sus dioses marcando solo la diferencia el esfuerzo que cada uno decida poner en su vida, para acrecentar su fe.

Para llegar al Valle de los Reyes hay que subir hasta unos estacionamientos complementados graciosamente con locales comerciales como en todos lados. Y luego tomar un trencito para cubrir un trayecto de tres minutos.
Turistas suben por el cerro, otros se meten a una tumba, un guía coreano llama a cincuenta coterráneos para organizarse. Nuestro guía nos congrega a la sombra y nos repite el discurso de rigor para que no nos metamos a la tumba de Tutankamon, pues todas las joyas están en el museo (me imagino que las de todas las demás tumbas estarán en Londres). Que lo hagamos a la que él escogió, pues es la que tiene grabados en sus paredes todavía. Al final hicimos lo recomendado y vivimos un poco el ritual de sumergirnos en las arenas del desierto e imaginarnos bajando hacia los secretos del valle de los Reyes muertos.

Cerca de ahí se encuentra el templo de Hatshepsut , dedicado al Dios Amón, Deir el Bahari es un templo tallado directamente en la roca y su construcción habría tardado 15 años y fue obra de un particular arquitecto llamado Senenmut. Quien formaba parte del exclusivo sequito de colaboradores de la Faraona. Pero lo que llego a obnubilar mis pretensiones como arquitecto, fue la cantidad de títulos que logró amasar:

Guardián del Palacio, Inspector de Obras , Inspector de los Campos, Inspector de la casa doble del tesoro, Inspector de los jardines de Amón, Director de los trabajadores, Inspector de la oficina administrativa del palacio, superintendente de los aposentos privados, inspector de las fiestas, supervisor del ganado de Amón, Mayordomo de la hija del Rey Nefrure y ejecutor de todas las cosas que vienen a pasar por el espíritu de su majestad.

Sin duda los arquitectos que apadrinaron a sus faraones en la realización de todos sus monumentos ocuparon un papel fundamental en el desarrollo político y social de la época.
Sentado sobre unas piedras frente al majestuoso templo divagaba sobre los factores que me llevarían a conquistar un mundo a través de la arquitectura. Lo que jugaba a mi favor era que yo también era arquitecto y lo que pujaba fuerte en mi contra demoliendo toda esperanza, era que no conocía ninguna faraona adinerada y con ganas de conquistar el mundo.
Aterdecer en el Nilo...una Faluca se aleja a favor de la corriente
El Nilo, una pequeña franja verde y más allá el agreste desierto
Los cruceros del Nilo aparcados en Aswan

Capítulo III

CRUCERO POR EL NILO
Navegando por las venas de Egipto


Un barco parecido a esos del Missisipi pero sin la rueda de atrás, nos llevó por el Nilo. Estos cruceros son como una torta de cinco pisos flotando por las aguas calmas del río Nilo y llevan por nombre el de faraones o ciudades egipcias.
Una de mis sorpresas fue darme cuenta que geográficamente íbamos bajando desde el delta del Nilo hacia Aswan, hacia el sur, donde están las represas. Pero la corriente va desde las represas hacia el mar mediterráneo y no al revés como lo pensé, entonces siempre imaginé que íbamos de bajada pero en verdad íbamos en subida. Esa contradicción me mantuvo mucho más relajado por que de lo contrario habría hecho fuerza todo el viaje.

El trayecto es plácido, tranquilo y muy bien atendido. Tanto el barco como los mozos nos hacían retroceder en el tiempo unos cincuenta años. Me sentía como en esas películas “África Mía” o las de “Tarzan”, pese a que no me peleé con ningún cocodrilo.

Los niveles del barco se descomponen así:
Nivel cubierta: Piscina y lugar para asolearse, terraza y bar discoteque.
Nivel menos uno: Comedores, tienda de ropa egipcia y habitaciones.
Nivel menos dos: Recepción, acceso, habitaciones y tienda de joyas egipcias.
Nivel menos tres: Tripulación del barco y mozos.
Nivel menos cuatro: Maquinistas, personal de aseo y seres oscuros.
Nivel menos cinco: Seres semi-acuáticos e igual de oscuros (nunca supe si eran parte del personal o polizontes)

Efectivamente al mirar hacia abajo, cuando llegábamos a una ciudad veíamos a unas personas que trabajaban como en ultratumba, bajo el nivel de flotación y su aspecto era ad-hoc con su lugar en el barco. Mis fantasías persecutorias me hacían imaginar la idea de un motín, la gente que nos atendía siempre con una sonrisa enmarcada en el popular bigote, nos mantenía confiada y con una sensación de seguridad pocas veces sentidas en el legendario país. Pero, y abajo?, que era lo que pasaba. Estarían planeando esos seres oscuros, robarnos a todos o matarnos haciéndonos reventar en honor a la rebelión de Bin Laden, por suerte solo fueron elucubraciones sin fundamento y al mirar hacia abajo la gente nos sonreía dejando ver sus blancos dientes por contraste, claro que si mirabas más de treinta segundos te comenzaban a hacer señas para que les tiraras euros.

Los cruceros pueden circular todo el año gracias a que las crecidas del río, pasaron a la historia una vez que se realizaron las represas. Una fue ejecutada por los ingleses y otra por los egipcios. Lo importante fue que en la antigüedad, el Nilo tenía sus crecidas y con estas fragmentaba la producción del año en base a dos acontecimientos radicalmente opuestos:
1. O estabas en las cosechas posteriores a las crecidas y sacabas la producción para el año. Para eso existían elementos de medida como el “Nilómetro”: Especie de pozo con medidas, que dependiendo del nivel de las aguas les permitía predecir buenas o malas cosechas y por consiguiente, el valor de los impuestos.
2. O estabas construyendo pirámides, arreglando templos y tumbas el resto del tiempo que quedaba. Así fue por cuatro mil años por lo menos (las buenas ideas tardan en llegar), pero al realizar las represas y conseguir electricidad para casi todo Egipto, también se pudo controlar el tema de las crecidas y darle nivel a las aguas para que el río siempre fuera navegable y los templos no se inundaran. Al circular por las actuales ciudades se ven rastros del río, el cual llegaba mucho más arriba del nivel que tiene hoy.

Casi todos los templos utilizan dos íconos: las flores del Loto y la flor del Papiro. Son dos elementos que se ven en las riveras del Nilo. Estas plantas acuáticas son parecidas a las colas de zorro o las totoras. Por muchos años reflejaron el poder intelectual y filosófico de toda una cultura, al grado de convertirlas en la figura, por excelencia del ornamento arquitectónico en el remate de los pilares de los templos. Toda hoja que se ocupaba para los escritos, libros o documentos estaban hechos en papiro y siendo un material de múltiples usos, sus bondades lo hicieron merecerse un lugar entre los divinos materiales, al igual que la flor del Loto, la cual crece en aguas sucias como la sabiduría entre la ignorancia, según versan poesías Indias y Árabes.

El circuito de servicios en el barco está muy bien estructurado. Una noche es de gala y debes ir bien vestido (lo que se pueda para un turista). Otra noche es de disfraces y estas casi forzado a comprarte los atuendos que se venden en la tienda del barco pues no vas a ir vestido sport si casi todos celebrarán con sus trajes. Al finalizar el viaje el joyero te sugiere hacer un “cartucho” con tu nombre (sello real faraónico en donde iba inscrito el nombre de cada faraón utilizando la escritura jeroglífica). ¿Como no vas a tener tu nombre estampado en un colgante de oro tal como si este fuera el nombre de un faraón?, es muy tentador.
Las actividades también tienen una rutina muy bien cuidada. El desayuno tipo buffete, el almuerzo, que alguna vez es solo comida árabe, otro día pastas o comida internacional. Una taza de té que se toma junto con unos quequitos luego de que suena una campanita a eso de las 17.00 hrs.(una de las tantas herencias inglesas). Y la cena, navegando por el Nilo, las luces de algún pueblo se deslizan por las ventanas y luego puedes subir a la cubierta a dejar pasar el desierto por tu retina.
Los cruceros los hay de todas las características segmentados de acuerdo a su elegancia. Todos dicen ser cinco estrellas, pero cuando embarcamos, y para esos efectos los barcos se unían apostados paralelos uno al otro por un máximo de tres en línea, había que cruzarlos hasta llegar al que nos correspondía. Y al pasar por aquellos cruceros apreciábamos que algunos son más cinco estrellas que otros pues se ven como si fueran un pedazo de templo egipcio pero flotando en el río (templos con revestimientos originales: alabastro, granito, oro, bronces, etc), se ven medios kitsh pero igual pegan con el entorno pues Egipto entero es Kitsh (entiéndase de modo fino, un gusto extraño al nuestro).

Thursday, June 01, 2006




Capítulo IV

KOMOMBO Y EDFU
Los mercaderes fuera del templo


El tour continua y hace sus paradas en Edfu y Komombo, dos templos mucho mejor conservados que el resto. Según el guía, ya un poco cansado de repetir las mismas cosas todos los días, estos a diferencia de los otros, son de la época greco-romana y eso los hace estar mejor conservados ya que los Romanos querían mantener buenas relaciones con Egipto y que mejor que mostrar una amplia aceptación con las deidades y ritos del pueblo.
Sin embargo, en una etapa de la historia de Egipto, los cristianos borraron las imágenes de las deidades debido a que estas eran paganas y por ende una herejía hacia el cristianismo monoteísta y religión oficial de Roma en ese entonces. Así que es posible ver como algunas imágenes han sido cinceladas en los muros quedando solo las siluetas. Las figuras que prevalecen, muchas veces se debió a que permanecieron cubiertas por las arenas de los desbordes del Nilo.
Alguno de los presentes se quejaba de la barbarie de los cristianos sobre los monumentos egipcios, pero habría que considerar lo que le hicieron los segundos a estos para que se desquitaran de esa manera. Por ejemplo, mantenerlos de esclavos unos cuantos cientos de años.
En Edfu y Komombo se pueden ver en las paredes las indicaciones especializadas sobre esencias, cosmética y preparaciones de comidas especiales para los ritos. Estos templos son como libros abiertos en los que se puede obtener información de muchos de los actos por los cuales todo un pueblo se veía comprometido.
Al volvernos del templo hacia el barco lo hicimos en una carroza guiada por caballos (victoria o calesita), en un momento, mientras sacábamos fotos a la vida urbana de aquel pueblito, voltease el chofer con rostro arrugado y turbante, dos dientes afirmándose de la nada en su boca, sonrió y nos apuntó un local exclamando: “Bata”! Efectivamente había un local de zapatos “Bata”. Era la nota folclórica que nos acercaba a nuestra tierra pero que a la vez nos hacía preguntarnos: Por qué un local Bata ahí? Si el noventa y nueve por ciento de los egipcios usan unas chalitas que a penas se ven, cosas de la vida increíble pero cierto, en Edfu hay un negocio de zapatos Bata. (Me imaginaba conversando con el gerente del local y que me decía: “estamos desde 1950, somos pioneros e intentamos implantar un estilo nuevo aquí en Edfu; el zapato de gamuza con chiporro”).
Al llegar al embarcadero me tomó por sorpresa un locatario de los puestos que estaban a la salida. Sonriente e inofensivo, me regaló un pañuelito para que yo fuera a su local y le comprara algo al volver del templo.
Vi su mercancía pero antes había comprado todo lo que necesitaba. El llamó a otro vendedor por que no me decidía por nada, en verdad este egipcio no tenía buenos productos. El caso es que ahora tenía dos egipcios desesperados preguntándome en tres idiomas que es lo que quería. Le dije que no me gustaba nada, que lo que tenía para mujeres y que podía haber sido una alternativa para llevárselo a mi señora, tampoco me gustaba (parece que esa palabra: “no me gusta”, definitivamente no la tienen en su vocabulario). De un momento a otro los gentiles vendedores comenzaron a presionarme para que les comprara lo que fuera, un gordo se ponía una polera y me miraba como diciéndome: “esta si”? Luego el otro lucía un vestido sobre su cuerpo y me miraba todo coquetón. Yo comencé a desesperarme pues veía como los barcos retiraban las rampas de embarque y ya no quedaban turistas en el muelle, más aun, para llegar a mi barco había que cruzar otro antes.
Los dos, ya furiosos vendedores, me comenzaron a pedir derechamente dinero mientras yo retrocedía. Los barcos ya habían retirado las amarras y la rampa la estaban levantando. Uno de los vendedores sostenía mi mano y yo miraba el barco, la rampa, los hombres y nuevamente mi mano. Les dije que les daba dos dólares por el pañuelo, el tipo me los aceptó pero me dijo que le devolviera el pañuelo… (Que se habrá imaginado este sopenco!), le dije: “Devuélveme los dos dólares entonces po!” (En ese momento mi destino se transaba por la módica suma de dos miserables dólares. Lo que hace esto del libre mercado, claro que a esas alturas, ya no tan libre). La rampa ya se había levantado. Desde lo profundo de mi ser una voz sopló: Cagué!..
Salí disparado hacia el barco, los tipos detrás de mí insultándome en árabe, unos militares se miraban extrañados por el tono en que los dos vendedores me gritaban. Corrí lo más rápido que pude por la última rampa que quedaba. Crucé entre las personas de la administración de la primera embarcación, abrí la puerta que daba al vacío y salté hacia mi barco!
Todos me recibieron preguntándome que había pasado, yo exhausto miraba hacia el muelle a los dos egipcios que todavía alzaban sus brazos en son de repudio. El crucero se alejaba lentamente del pueblo y mi corazón volvía a palpitar como lo había hecho hasta entonces.

La moraleja que me dejaba todo esto era la siguiente: “nunca aceptes un regalo de un vendedor egipcio a menos que estés dispuesto a pagar por él. Regalo o anzuelo, ese es el dilema”.

Luego de esta peripecia estilo Indiana Jones me merecía un baño en la piscina. Ahí se encontraba Mario y su señora, les conté la audaz hazaña, él se reía a carcajadas. Poco a poco se me pasaba el susto mientras me bañaba. Mario es un argentino radicado en Roma, un calvo simpático con el cual compartimos la estadía en el crucero. Mientras nadábamos él salpicaba agua y esta se elevaba, dejando caer sus goterones sobre los gringos, que a esas alturas se rostizaban al sol. (Era como tirar agua sobre una sartén llena de aceite) Ellos se levantaban tensos por lo helado del agua y miraban a Mario moviéndole las manos en señal de que no salpicara más.
El con su tono de argentino me murmuraba en la pequeña alberca: “Y que le pashá ( pasa) a este hijo de puta ( huevón) , que si está en frente de la piscina no se corre más ashá ( allá)…no creerá que me voy a ir a nadar al Nilo o que!, che?. Me encantan estos argentinos que verbalizan todo lo que sienten.

Al terminar la cena salí a cubierta y me percaté que nos encontrábamos frente a un Sheraton. Pensé que podía encontrar algún local con conexión a Internet así que bajé del barco y caminé hacia la entrada posterior del recinto preguntado a los guardias si podía entrar al hotel. Al llegar a la recepción me dijeron que no tenían conexión, así que volví a mi barco. Antes de salir y a un costado de los hermosos jardines del hotel presentaban un espectáculo de danza árabe y Sufi. Eran unos bailes en donde un hombre y una mujer giraban sobre si mismos todo lo que duraba la canción. Mostrando unas faldas de llamativos colores que al desplegarse producían un efecto de ingravidez y forma de plato que sumado a los innumerables vueltas del bailarín lo convertían en toda una proeza. Luego las faldas las iba sacando de su cintura con total maestría. Este acto danzante lo repitió alrededor de treinta minutos y luego que se sacó cinco faldas el mágico derviche paró en seco junto con la música. Yo me preguntaba si desde su lugar se vería el público dando vueltas producto de mareo. Fue un momento sublime de todos modos: El Nilo como telón de fondo, un derviche que debe haber dado unas mil quinientas vueltas sobre si mismo, odaliscas y turistas sentados mirando el espectáculo acompañados de hermosas egipcias y yo de colado dentro de un lujoso hotel, que más podía pedir.
Pero había más. Una hermosa egipcia sentada junto a unos turistas se levantó de la mesa en busca de un refresco. Al pasar por mi lado me regaló una sonrisa a la cual correspondí con una reverencia. Sus cabellos largos, tez morena y blancos dientes, mas su delgada figura calzaba de manera perfecta en un vestido rojo. Al pasar me preguntó: “What is you room” (cual es tu habitación), mis pensamientos corrían a mil por hora y lo único que se me ocurrió fue decir: “3014”, ella se detuvo un momento pensó con su mirada hacia abajo. Un poco incómodo por la situación ya que era muy fácil descubrir que yo no era de ahí, entretejía respuestas mientras la niña volvía a mirarme y a responder: “I want to see you in one hour in this place”
(Te veré en una hora en este lugar). Asentí con un “OK” y me quedé pensando: Me imagino que esta chica, al igual que las otras que vi, prestan un servicio muy particular a los clientes del hotel, entre damas de compañía y un poco más, sin embargo cuando se diera cuenta que yo no tenia nada que hacer ahí, hasta podría llegar con guardias, el caso es observé un momento más el espectáculo y me fui.
Al salir del recinto, debido a que solo había pedido permiso para averiguar si había Internet y me quedé por más de una hora, pase por detrás de la carpa desde donde salían estos bailarines. No pude resistir y felicité al Derviche, así que me acerqué y le hablé en Ingles. El me respondió y me comentó que vivía en Nueva York pero que echaba de menos su tierra y que por eso estaba ahí bailando. Mientras tratábamos de comunicarnos pasaban por detrás, urgidísimas, las bailarinas que se cambiaban una y otra vez de ropa. Pudorosas y desconfiadas miraban de reojo nuestra conversación como temiendo alguna represalia, no se de quién. A un costado de las bailarinas se divisaba, unos metros más allá, la linda egipcia que miraba con la expresión: Y a donde se metió este”. Disimuladamente me cubrí detrás del bailarín y seguí conversando.
Amistosamente me pasó un folleto de sus actuaciones posteriores, me señaló un número para ubicarlo y me dijo que cualquiera podía bailar como él si practicaba. Encantado me hubiera quedado un tiempo practicando dar vueltas sobre mi mismo y de pasadita averiguando el motivo por el cual me querría ver la faraona de la noche.
Cada paso que daba hacia el interior de las vidas de algunos egipcios aparecían en mi una mezcla de sensaciones y recuerdos de niño: la fantasía de mi infancia con los cuentos de Ali-Babá, alfombras voladoras y camellos, la Biblia, la ciudad de Belén, el niño Jesús, María y José, los reyes magos, pobreza, adobes y exóticas mujeres. Moisés comiendo pan sin levadura. El faraón, las momias y personajes morenos con falda. Todo eso sumado a mi modo actual de ver las cosas y la típica desconfianza de chileno esperando alguna sorpresa, alguna ayuda por interés o un ardid para convencer a un turista a desembolsar lo que tenga.
Así era yo en Egipto, una mezcla entre niño y hombre bañándose en las aguas de la historia de la humanidad. Sosegando mis temores y derribando mitos de cultura solo estudiada en la academia.
A metros de mi, el Nilo de desplazaba calmo, oscuro, viejo y profundo. El atardecer en sepia añejaba aquel momento cruzando el pasado con mi presente. Y en una suerte de fino ritual, me alejé hacia el barco dejando atrás a aquellos derviches voladores y mágicas odaliscas.

Wednesday, May 31, 2006

Capitulo V

ASWAN
Las represas que cambiaron la historia


El tour termina en Aswan. La ciudad se muestra mucho más poblada a la ribera del Nilo, con unos treinta cruceros embarcados a lo lago de toda su extensión, sin embargo sigue siendo un pequeño poblado como todas las ciudades exceptuando El Cairo. Hasta ahí llega el tour por el Nilo y comienzan las represas y los lagos artificiales que surgieron producto de las dos obras de ingeniería maestra que mantienen electrificado a casi todo Egipto.
Solo hubo un cuidado que tuvieron que manejar entidades y fundaciones internacionales y fue el reflotar, en algunos casos o de trasladar en otros, los templos que quedarían sumergidos producto de la crecida del nivel de las aguas causada por los embalses. Estos fueron Philae, templo que se encuentra en una isla entre las dos represas y que su presupuesto casi supera el de la construcción de la primera represa. Y Abu-Simbel que fue trasladado hacia las laderas de los cerros con el fin de que no se destruyera con las crecidas de estos enormes lagos artificiales. (Existen más obras pero desconozco la cantidad y cuales todavía se encuentran sumergidas bajo los lagos del Nilo).
Las obras, si bien continúan hacia abajo en Egipto, comienzan a aproximarse a la frontera con Sudan y la presencia del ejercito se hace notoria e intimidante. Por tanto los tours tienen a llegar hasta ahí y a volar hacia Abu-Simbel. Aun cuando se puede ir por tierra, más de algún turista no escapará a las extrañas conversaciones de un militar que disimuladamente trate de obtener algunos dólares por concepto de ayuda piadosa.
Sorprende además que a la largo de Egipto existen, menos conservadas eso si, más de quince complejos de pirámides. Algunas en estado de pequeños montículos, pero desde niño solo retuve las tres más conocidas (Keop, Kefren y Micerinos), más la pirámide escalonada de Saqqara, donde se encontraron los papiros del libro de los muertos, pero son muchas más y con ellas muchos misterios de dinastías anteriores.

Desembarcamos para visitar la ciudad y como todas las ciudades egipcias que conocí, también en esta muchos alimentos se manufacturan en las calles. Recuerdo unos tallarines que se hacían frente a la estación de trenes de Aswan y que daban vueltas sobre un disco calentado por un horno a leña y que caían sobre una bolsa, listos para ser comercializados. Nada de Carozzi la pasta de mamá; te los hacen en la calle, te los tiran en una bolsa y a la olla.
Hacer las cosas en la calle tiene su atractivo. Al contrario de las ciudades modernas europeas o de países más desarrollados, las normativas sobre higiene hermetizan el proceso, las ciudades esconden la magia de la fabricación y los nutrientes de la vida urbana van girando hacia el producto ya terminado. Imaginaba que desde niño, un egipcio recordará como se hacen ciertos productos y probablemente se instale con un localcito de algo que vio hacer o vender a sus padres. Las historias de juventud las veía nutrirse de mucha vida afuera de los recintos al revés de la vida en países escandinavos que la deben realizar dentro de sus casas o en macro recintos como los Mall. Por eso se dice que en Egipto se pueden ver imágenes muy similares a las que se veían hace tres mil años atrás.

Cuando estás en Aswan existen variadas alternativas para recorrer las inmediaciones. Puedes visitar en camello a los nubios quienes son un antiguo pueblo egipcio parecido a los gitanos en sus características de vida y te ofrecen artesanías típicas de su pueblo.
Andar el “faluca” es pasear en un botecito a vela, antigua embarcación usada por miles de años. Los botecitos se ven súper folclóricos, sin embargo si te fijas bien, luego que uno se sube a uno de esos, antes perros y gatos han dormido ahí, no es difícil comenzar a rascarse a los diez minutos de haber iniciado el viaje.
Bajar, perdón, subir por el Nilo es transitar por un río bordeado de una franja de vegetación verde y una lejanía arenosa, eso se repite por todo el recorrido. Así pues al bajar hacia las represas y pasar por el desierto, pedí que me dejaran llevarme en una botellita, parte de la arena de este milenario desierto. Esa arena recorrió toda Europa hasta llegar a Chile y como la había embalado en una bolsa de plástico envuelta en scotch simulaba dramáticamente a un paquete de cocaína. No puedo negar que tenía cierto temor de ser fiscalizado. Al menos ya tenía mi respuesta y estaba dispuesto a dejar la arena si las cosas se ponían negras, pero de todos modos había dejado arena en frascos y en un shampoo, así que con arena de Egipto llegaría si o si.

Al volvernos de las represas paramos en un local que vendía esencias. Estos locales son los más antiguos en el rubro, y poseen un sistema de servicio bastante segmentado. Primero entras a unos salones donde hay unos sofás perimetrales apoyados en muros-vitrina, ornamentados por botellitas de cristal que sirven para guardar las esencias. Luego aparece una bella joven egipcia, cubierta con su tradicional pañuelo, pero dejando ver un rostro de perfumada finura, que nos ofrece un refresco y pasa a explicarnos una reseña sobre la historia y la comercialización de estos antiguos productos. En un español, al parecer aprendido de memoria, nos señala que estas esencias son la base de los grandes y caros perfumes europeos. Desde acá se llevan las esencias y luego en París, entre otros destinos, se les añade las cantidades precisas de alcohol y otros aditivos para dar con los magníficos y cautivantes aromas.

Las esencias se dividen en tres tipos: Las de flores, las combinaciones de flores con otras especias y las que proceden de elementos tan extraños como el hígado de ballena. De las esencias combinadas provienen la mayoría de los perfumes que conocemos y se venden por todo el mundo con nombres de fantasía desde tantos años, pero nunca imaginé que provenían de esencias egipcias, como por ejemplo:

Perfume -----------------------------------Esencia Egipcia de procedencia

1. Eternity ---------------------------------Queen Hatshipsut
2. Hugo Boss -------------------------------Omar Khayyam
3. Cristian Dior-----------------------------Queen Cleopatra
4. Anaís Anaís------------------------------Arabian Night
5. Oracle----------------------------------- Five Secrets
6. Fahrenheit-------------------------------Mitso
7. Angel------------------------------------ Queen of Egypt
8. Chanel----------------------------------- Aida

Para saber si la niña decía la verdad, en el sentido de esta estrecha relación entre las esencias egipcias y los perfumes europeos, le pedí que me mostrara el Mitso, pues si esta era la esencia del Fahrenheit, que es el perfume que uso, al sentir su fragancia descubría si era cierto. Y en verdad era el aroma concentrado del perfume por el cual he pagado carísimo, mientras que la esencia es mucho más barata, pero hay que agregarle las dosis de alcohol y otros aditivos en proporciones diferentes que le agregan valor y justifican su precio.

Al cabo de cierto tiempo los locatarios comenzaron a presionar la compra mandando a un “mastodonte” que forzaba disimuladamente a la niña para que nos hiciera comprar. Mi madre junto con las demás señoras, relajadas se tomaban su refresco y preguntaban más sobre la historia de las esencias. El guía, que a todo esto había tomado distancia de la escena, también comenzaba a preocuparse porque nadie sacaba ni un cobre de sus carteras. Aquella tensa niña nos insistía con una dulce sonrisa; ¿cual van a llevar? Con mi madre nos miramos y decidimos llevar una caja a medias, las otras señoras igual y de esa manera se solucionó el primer entuerto. Cuando íbamos a pagar, estos hombrones más nerviosos se ponían, no se por qué, pero miraban y corregían todo lo que hacían las niñas pese a que lo hacían casi de memoria. A mi parecer el rol secundario de las mujeres les contrasta con el que no pueden prescindir de ellas para vender algo tan fino y delicado como un perfume. Un hombre, por ejemplo, se ve demasiado tosco mientras que una mujer con la belleza de esa niña lo hacia perfecto, pero para ellos quizás era como poner a un hijo pequeño a cargo de las platas y eso los tensaba.

El tour terminaba una vez llegando al crucero. Solo faltaba esperar la hora del vuelo, para que llevaran nuestras maletas al aeropuerto. Así que salimos rápidamente de ahí y marchamos rumbo a Aswan.

Volamos rumbo a Milán dejando atrás un mundo increíble. Pero me pregunto por las cosas que tengo en casa, las que tenemos los chilenos o más bien las que no tenemos.

La totalidad de la población Chilena no alcanza a los 20 millones de habitantes que solo hay en El Cairo. No podemos vivir más tensos y estresados que ellos considerando esta diferencia, no nos podemos dar el lujo de sucumbir a un modernismo mal entendido.
Tenemos una calidad de vida mucho mejor, con una discriminación respecto del rol de la mujer, que mataría a carcajadas a cualquier Egipcio; eso es algo que debiéramos disfrutar y no lo hacemos.
Las pequeñas o grandes locuras de genios e inventores de nuestra historia, deben ser protegidas y no humilladas por ser diferentes. Debemos respetar a quien sale más allá de las fronteras de nuestras creencias, pues bien podría ser la fuente de ingresos de todo un pueblo, como lo es para el pueblito de Figueras en el caso de Dalí, de una Ciudad como Barcelona en el caso de Gaudí o de un País como Italia debido a los excesos de la poderosa Iglesia del renacimiento.


Obviamente, las pirámides y los templos del antiguo Egipto son el motivo de uno de los mayores ingresos de los cuales se nutre el país y, paradojalmente, es lo que menos valora el egipcio promedio. No me refiero al valor económico, sino ese que habita en el corazón de las personas, el que te hace querer algo público como si fuera tuyo. A un egipcio nunca le parecerá digno de preservar un pedazo de bloque de arenisca por muchos dibujos que tenga, solo por su valor arqueológico o el significado de sus escrituras. Eso es superchería que vale por lo que los occidentales puedan pagar. Su fe los impulsa a no creer en nada pagano, menos en dioses inventados por una cultura aparentemente inferior. Nos olvidamos que la religión del antiguo Egipto duró alrededor de 4000 años. A la nuestra le falta la mitad para poder decir que merece un lugar entre los más antiguos credos y a decir verdad, ninguna religión actual esta exenta de disolverse en el camino, como le pasó a la egipcia o a la religión Maya.